Hay quien cree que todas las religiones son igualmente válidas, lo que es incongruente, dado que mantienen creencias diametralmente opuestas e incompatibles entre sí. O hay un Dios o hay muchos dioses, o hay o no hay vida después de la muerte, o Jesús es el Hijo de Dios o no lo es. Entonces, ¿es el cristianismo una religión como las demás? La Revelación y la Historia de la Iglesia muestran otra cosa: Dios acreditó a Cristo con obras públicas, y su Iglesia con frutos y permanencia.
Milagros como sello divino
«Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, creed a las obras…» (Jn 10,37-38). Si los milagros de Jesús no se hubieran verificado delante de los testigos, ¿cómo hubiera podido esgrimirlos como argumento a su favor?
«Comienzo de las señales… y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos» (Jn 2,11).
«El Señor confirmaba la Palabra con las señales» (Mc 16,20).Propagación inicial extraordinaria
«Aquel día se les unieron unas tres mil almas» (Hch 2,41).
«Vuestra fe es alabada en todo el mundo» (Rom 1,8); «fructifica y crece… en todo el mundo» (Col 1,6).
Todo ello sin armas, ni riquezas, ni prestigio académico (cf. 1 Co 1,21-23), lo que no tiene sentido sin un recurso extraordinario (la gracia) que supera las fuerzas meramente humanas.Excelencia de la doctrina y de los medios de salvación
Autoridad de su enseñanza (Mt 7,28-29; Lc 4,32).
Santidad y simplicidad de los preceptos: el amor como plenitud de la Ley (Mt 22,37-39; Rom 13,10; Mt 5,48).
Medios eficaces: fe y Bautismo (Mc 16,16), Eucaristía (Jn 6,51), oración que salva y perdona (St 5,15).Conversión y renovación de costumbres
Del paganismo y la corrupción (Rom 1,29-30; 1 Co 6,9-10) a vidas lavadas, santificadas, justificadas (1 Co 6,11).
También en Israel: multitud de sacerdotes aceptaban la fe (Hch 6,7).Estabilidad y continuidad eclesial
«Tú eres Pedro… y las puertas del Hades no prevalecerán» (Mt 16,18).
Si una obra «es de Dios, no podréis destruirla» (Hch 5,38-39). Veinte siglos con la misma sustancia de fe, sacramentos y gobierno.
Tradición y Magisterio
San Agustín: Dios permite males para sacar de ellos un bien mayor (Enchiridion, 11), y así también confirma con frutos lo que es suyo.
Concilio Vaticano I, Dei Filius: Dios ofrece motivos de credibilidad (cap. III).
Catecismo de la Iglesia Católica:
156: los milagros de Cristo y de los santos, las profecías, la santidad y la fecundidad de la Iglesia son signos ciertos de la Revelación.
812-816: unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad como notas visibles de su origen divino.
Consecuencia práctica
Cuando una doctrina eleva la inteligencia y transforma la vida —convirtiendo pecadores, reconciliando enemigos, sosteniendo mártires, levantando hospitales y escuelas, generando santos de toda cultura—, y cuando permanece indefectible a través de persecuciones y crisis, la explicación más sobria es esta: Dios acreditó a Jesucristo y sostiene a su Iglesia. No se trata de una superioridad sociológica, sino de frutos de gracia que exceden lo meramente humano.
En definitiva
Las demás religiones son un esfuerzo humano para alcanzar la trascendencia, si bien en el cristianismo se da la dinámica inversa: es Dios quien sale al encuentro de su criatura para salvarla y los milagros confirman la doctrina; la expansión sin poder humano y la excelencia moral acreditan su verdad; la renovación de vidas y la permanencia eclesial completan el cuadro. Razón y fe convergen: el cristianismo no es una opción más, sino la respuesta de Dios en la historia. El cristianismo es la única religión capaz de mostrar milagros que resisten el análisis científicos, milagros que siguen dándose en la actualidad y que es posible no solo admirar, sino investigar en laboratorios modernos.
La liturgia lo proclama
Cada domingo confesamos en el Credo: «Creo en un solo Señor Jesucristo… Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica». La fe que anunciamos es la fe que celebramos y la que vivimos.
¿Quieres profundizar más?Sagrada Escritura: Jn 10; Jn 2; Mc 16; Hch 2 y 6; 1 Co 1 y 6; Mt 5, 7, 16 y 22; Rom 1; Col 1; St 5.
Concilio Vaticano I, Dei Filius (cap. III).
Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 144-184, 156, 812-816.
J. H. Newman, Ensayo para contribuir a una gramática del asentimiento (sobre los signos de credibilidad).
