Una de las objeciones más comunes contra el sacramento de la confesión es que solo Dios puede perdonar los pecados y, por tanto, no necesitamos intermediarios. Es cierto que el perdón proviene únicamente de Dios, pero la revelación enseña que Cristo confirió a los apóstoles el poder de perdonar en su nombre.
* Revelación: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20,22-23). Jesús resucitado da a sus apóstoles un poder real: perdonar o retener los pecados con autoridad divina.
* Revelación: “Lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt 18,18). Cristo entrega a la Iglesia un poder vinculante que participa de la autoridad del cielo.
La Tradición de la Iglesia entendió desde los primeros siglos que este mandato se concretaba en el sacramento de la reconciliación. El Magisterio ha enseñado siempre que el sacerdote actúa in persona Christi, como instrumento de la misericordia de Dios.
Una objeción habitual es: “¿Cómo va a perdonarme un sacerdote que quizá es más pecador que yo?”. La respuesta es clara: no es el sacerdote quien otorga el perdón por su propia santidad, sino Cristo que actúa a través de él. Un médico enfermo puede curar aplicando el medicamento adecuado, porque la eficacia no depende de su salud, sino del remedio que administra. De igual modo, el perdón de los pecados no depende del estado del alma del sacerdote, sino de la gracia de Cristo que prometió su eficacia.
La Liturgia lo expresa con fuerza en las palabras de la absolución: “Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. No se trata de un deseo humano, sino de un acto sacramental que hace presente la misericordia divina.
Confesarse no es poner la confianza en un hombre, sino en Cristo que actúa en su Iglesia. El sacerdote es instrumento de ese encuentro en el que Dios abraza al pecador y lo restituye a la gracia.
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Manglano Castellary, J. P. (2006). El libro de la confesión (1ª ed.). Planeta. ISBN 84‑08‑06526‑2
